Del análisis,
al sentir.
Siempre fui una incansable buscadora de respuestas. Esta es la historia de cómo dejé de vivir en mi mente, para empezar a vivir desde mi corazón.
Como columnista en Radio Cooperativa (Chile) y en mi blog «La Galería del Ego», me encantaba analizar cómo era la sociedad posmoderna en redes sociales.
«¿Para qué hago todo esto?»
Amaba explorar los rincones de nuestra psique y exponer esos rasgos, como el narcisismo, la cultura de las apariencias, la sociedad de consumo, la banalidad, el hedonismo, la competitividad, e invitaba a las personas a trascenderlos, ser más auténticos, permitir nuestra vulnerabilidad.
Pero, sólo me quedaba en eso, en dar mi opinión pública —que no es poco— sintiéndome insatisfecha, frustrada, en un trabajo que agradecía mucho pero que no llenaba mi alma, sabiendo que tenía mucho más por entregar, y a la vez, no tener idea de cómo hacerlo.
Creí que mi proyecto era sólo una volada, y comencé a juzgarme, inconsciente del patrón en el que yo vivía, porque mis columnas eran un reflejo de mi forma de existir: plantearme preguntas e intentar resolverlas. Cada análisis era en realidad una pregunta sobre mi vida y mis dolores, y se convertía en una especie de acertijo que me hacía aferrarme mucho más al dilema. Me perdía entre tanto cuestionamiento, y al final del día, no hacía nada.
Estaba muy cansada de pensar.
La salida no estaba en un nuevo «por qué». Estaba en el «para qué».
Todos vivimos desde el Ego, desde la mente. Y ésta nunca se sacia, siempre querrá más: preguntar, idealizar, sufrir, esperar. Exige y a la vez es víctima, cree que tiene el control, pero se siente incomprendida.
Realmente, ¿quería vivir así?
Cuando decidí pasar desde el análisis al sentir, mi antigua identidad se terminó.
Si tú estás aburrido de tu vida, no vives con propósito, te sobreexiges, y sabes que hay algo más dentro de ti que grita por expresarse, debes saber que la única forma de cambiar es saliendo de tu zona de confort mental.
El verdadero sacrificio es renunciar a los posicionamientos de tu mente que te mantienen cautivo en ideas limitantes, con un diálogo interior de maltrato. Y eso, aunque no lo creas, es cómodo para ti.
El camino está en un trato compasivo contigo, comprendiendo que no eres tu crítico más duro: eres tu mejor compañía, tu propio maestro, tu aliado más cercano. Y cuando tu voz interior cambia, el mundo entero cambia contigo.
Fue sanando mi diálogo interior.
Ese acto que parece tan sencillo, activar mi sistema parasimpático, mi corazón, fue la clave de mi despertar de consciencia, que es en el fondo un cambio de identidad. No fue meditando, ni haciendo mantras, decretos, ni cuadros de visualización.
Si tú sigues viviendo en modo alerta, analizándolo todo, adelantándote a los sucesos y controlándolos, vivirás con tu sistema nervioso simpático al mando —la mente, el Ego— y desde ese lugar, el sufrimiento está garantizado.
Porque cuando vivimos desde la mente, nos identificamos con los eventos y olvidamos que somos el cielo donde ocurre la tormenta, pero no somos la tormenta. Vivir en estado de flujo, presencia y calma, fue la llave de mi liberación.
Y eso se logra con una compasión inquebrantable contigo mismo.
Ya publiqué mi primer libro «Ashirion. El guerrero koroti», una fábula espiritual sobre el camino desde la mente hacia el corazón. Hoy vivo en libertad gracias a mis mentorías, poniendo al servicio mi don de la palabra a personas de toda Iberoamérica.
Y lo más importante: integré que no necesito que todo esté perfecto, para estar en paz.
Atrévete a despertar tu corazón sanando tu diálogo interior, para cambiar tu identidad, liberándote de los bloqueos mentales que te mantienen estancado, y así lograr la vida que deseas.
Yo lo estoy haciendo, y puedo acompañarte en tu proceso de liberación.
Bienvenido.
Con cariño, Xime.-
Escríbeme por WhatsAppXimena Burgos Sánchez. Magíster en Comunicación. Escritora, columnista, mentora, maestra en comunicación interior. Administradora Pública UChile y otros diplomas en arte, semiología, psicoanálisis y formación espiritual.